El copiloto está redefiniendo todo. Entre las muchas cosas que están cambiando, una de las más impactadas —aunque no siempre lo reconozcamos— es la idea de seniority. Tradicionalmente asociamos ese concepto con los años de experiencia. Vale recordar la teoría popularizada por Malcolm Gladwell, basada en el trabajo de Anders Ericsson, según la cual se necesitan unas 10.000 horas de práctica deliberada para alcanzar la maestría en una disciplina.
Pero, ¿sigue siendo válida esta noción en la era de los copilotos?
La respuesta, como en tantos otros terrenos que están siendo transformados por la inteligencia artificial, no es unívoca. Y aunque no pretendo ofrecer una definición cerrada, sí quiero reflexionar sobre un fenómeno que estoy observando muy de cerca: la emergencia de tres disposiciones cognitivas que parecen ser claves para sacarle el máximo partido a los copilotos, y que bien podrían convertirse en los nuevos pilares del seniority profesional.
Desde que en Habi adoptamos una estrategia AI First y entrenamos a toda la organización en el uso de estas herramientas, sin importar rol, jerarquía ni nivel de experiencia, he tenido la oportunidad de interactuar con cientos de personas de muy diversas formaciones. Y hay algo que se vuelve cada vez más evidente: no es la antigüedad la que determina quién obtiene mejores resultados, sino la combinación de tres disposiciones cognitivas: curiosidad, pensamiento crítico y agencia.
Curiosidad y pensamiento crítico: distintas, pero complementarias
La curiosidad es esa inclinación persistente a explorar lo desconocido. La RAE define como curioso a quien está “inclinado a aprender lo que no conoce”. Pero la curiosidad, por sí sola, no garantiza profundidad ni claridad. De ahí que sea tan importante distinguirla del pensamiento crítico.
El pensamiento crítico es la capacidad de analizar, contrastar, interpelar lo que se aprende. Es la disposición a no aceptar nada sin pasar por el filtro del juicio personal. Recuerdo un examen universitario en el que el profesor me dijo: “Sí, ya sé lo que dice el autor; yo también lo leí. Lo que me interesa es qué piensa usted de lo que dice el autor. ¿Qué le cuestionaría? ¿Cómo lo ampliaría?”. Ese comentario cambió para siempre mi forma de aprender. Me enseñó que no basta con absorber información; hay que dialogar con ella.
En el mundo de los copilotos, esta distinción es crítica. Las herramientas generan respuestas con autoridad, pero también con errores. Quien carece de pensamiento crítico queda a merced de la veracidad del modelo, o necesita un conocimiento previo sólido para detectar inconsistencias. En cambio, quienes ejercen pensamiento crítico de forma activa ayudan al copiloto a mejorar mediante preguntas, contraejemplos, aclaraciones. Lo hacen dialogar y, en ese proceso, no solo corrigen, sino que aprenden más profundamente.
Hagan el experimento: pregunten al copiloto sobre un tema que conocen bien y otro que desconocen por completo. Verán que en el primero tienden a corregirlo, mientras que en el segundo simplemente aceptan la respuesta. No porque el modelo haya acertado, sino porque no tienen ni el conocimiento ni la disposición crítica para desafiarlo.
Lo que estoy observando es que hay personas que, sin importar su título o antigüedad, poseen estas dos disposiciones cognitivas, curiosidad y pensamiento crítico, y logran, con su copiloto, resultados equivalentes a los que tradicionalmente atribuimos a perfiles senior. Pero hay una tercera dimensión igual de importante.
Agencia: del aprendizaje a la creación
La tercera disposición que estoy viendo emerger con enorme fuerza es lo que llamamos agencia. Me refiero a la capacidad de transformar intención en acción con autonomía, sin esperar instrucciones, permisos ni condiciones perfectas. Es una mezcla de iniciativa, confianza y compromiso con llevar las ideas a la práctica. Pero también —y esto es clave— supone un vínculo emocional con el problema que se quiere resolver. La agencia no surge solo de la competencia, sino de una convicción interna: esto importa, y quiero ser parte de la solución. No se trata solo de querer hacer, sino de efectivamente hacerlo: probar, construir, equivocarse, corregir y volver a intentar. La agencia convierte el pensamiento en impacto, y la curiosidad y el criterio en resultados tangibles.
Una de las grandes ventajas del copiloto es que permite construir un código, un documento, o un plan de negocio en minutos. Pero solo quienes ejercen esta agencia logran capitalizar ese potencial. Mientras algunos se quedan refinando ideas sin implementarlas nunca, quienes tienen agencia exploran, iteran, prueban. Ejecutan. Y en ese hacer, aprenden más, fallan más y mejoran más rápido.
Desde esta perspectiva, agencia no es lo opuesto al pensamiento, sino su extensión natural. Por eso creo que estas tres disposiciones, curiosidad, pensamiento crítico y agencia, conforman el combo más poderoso para esta nueva era. Una sin la otra pierde fuerza. Juntas, son capaces de generar resultados extraordinarios en muy poco tiempo.
Redefinir el seniority
Este fenómeno me lleva a una conclusión que quiero poner en discusión: lo que los copilotos están haciendo no es eliminar la necesidad de seniority, sino transformarla. Nos están obligando a redefinir qué es lo que valoramos en un perfil senior.
¿Es la cantidad de años? ¿La acumulación de títulos? ¿O la capacidad de interactuar con inteligencia artificial de forma productiva, crítica y creativa?
Tal vez haya llegado el momento de entender que las disposiciones cognitivas, amplificadas por los copilotos, están emergiendo como una nueva forma de autoridad profesional. Y que muchas personas consideradas “junior” en la escala tradicional están demostrando ser, en este nuevo paradigma, mucho más senior de lo que pensábamos.
Quienes cultivan estas tres disposiciones cognitivas, curiosidad, pensamiento crítico y agencia, no solo aprovechan mejor a su copiloto; se convierten en profesionales exponenciales. No necesitan esperar años para demostrar impacto. No dependen de manuales ni de jerarquías para saber qué hacer. Tienen la capacidad de aprender rápido, cuestionar lo que otros aceptan y construir sin pedir permiso.
En la era del copiloto, estas personas no solo redefinen el seniority. Lo trascienden.
Porque cuando se combinan estas tres fuerzas, surge algo difícil de detener: una mentalidad que aprende, piensa y actúa con una velocidad y una profundidad que roza lo imbatible.
Me encantaría conocer tu perspectiva: ¿estamos frente a una nueva forma de entender el seniority? ¿Qué otras disposiciones cognitivas creés que serán clave en esta era del copiloto?